La persistencia de un origen: el caso de Eisejuaz (1971), de Sara Gallardo, y Fuegia (1991), de E. Belgrano Rawson

Grenoville, Carolina (UBA-CONICET)
General

Tanto en “La cautiva” como en “El matadero”, de Esteban Echeverría, la narración de las acciones se halla precedida por la configuración de un espacio racional, abstracto y homogéneo. La intuición perspectiva del espacio con que se abre el poema circunscribe un lugar propio en ese espacio recorrido por los otros para ordenar, por el momento, imaginariamente, la distribución de sus elementos. La visión desde la cordillera sobrevuela el territorio a la manera de un ojo celeste, reconociendo el lugar que algún día coincidiría con el Estado argentino. Por otra parte, el croquis de la localidad que se describe en “El matadero” para que el lector pueda percibir el espectáculo “a un golpe de ojo” (Echeverría, 1983: 103) cumple una función análoga al instaurar también un corte entre un lugar propio y uno ajeno en el interior de la ciudad de Buenos Aires. El croquis, manifestación de una racionalidad urbanística, no es solo el producto de un estado del saber geográfico, sino que también forma parte del ritual de conquista y fundación de esa pequeña república todavía gobernada por el juez del matadero, signo a escala reducida, a su vez, de lo que, siguiendo el texto, ocurría en el país.